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NUESTRA SEÑORA DE LA EVANGELIZACIÓN, PERÚ ( 14 DE MAYO)

La patrona de la Arquidiócesis de Lima presidió los concilios de la Iglesia de Lima en las decisivas jornadas para la evangelización de toda América. Ante ella se postraron en veneración y oración los grandes santos de Lima. Juan Pablo II la coronó pontificialmente em 1985 y en 1988 le consagró la nación y le regaló la rosa de oro que hoy lleva en su mano. Nuestra Señora de la Evangelización es una advocación mariana peruana. Patrona de la Arquidiocesis de Lima, capital del Perú. Su solemnidad se celebra el 14 de Mayo, día de la entrega solemne de la Rosa de Oro, y se encuentra registrada en la Santa Sede en Roma. Procesiona en andas de estilo neobarrocas, de 4 varas, siguiendo como modelo las andas de Santa Rosa de las monjas. A la muerte de D. Francisco Pizarro, fundador de la Ciudad de Lima, su hija encargó una imagen de la Virgen para la capilla de enterramiento de su padre, esta imagen se venera desde entonces en la Catedral de Lima. LA IMAGEN Nuestra Señora de la Evangelización corresponde a la imagen de la Virgen AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, que fue encargada para que presidiera el Retablo Mayor. La imagen de Nuestra Señora de la Evangelización es una talla de madera policromada de 1.70 metros de altura, fue hecha por Roque Balduque maestro flamenco que dirigía un taller en Sevilla hacia el segundo tercio del siglo XVI, a quien se le denominaba "El imaginero de la Madre de Dios". Durante la guerra con Chile, la imagen tuvo que ser repintada burdamente en blanco, para evitar que fuese llevada por los chilenos. En 1985, la imagen fue restaurada, devolviéndole su esplendor original, y colocada en el altar de la Concepción, ahora llamado del Santísimo Sacramento en la Catedral de Lima, donde recibe el culto de los fieles. EL CULTO Nuestra Señora de la Evangelización presidió la vida de la Iglesia arquidiocesana de Lima y los Concilios Limenses de modo particular el tercero, que tanta importancia tuvo para profundizar y difundir el Evangelio desde Nicaragua hasta Cabo de Hornos en la primera evangelización de parte importante de América. Es muy probable que ésta fuera la primera imagen escultórica de Nuestra Señora que llegó y recibió culto en Lima. Ante esta imagen oraron Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. Asimismo, presidió los Concilios y Sínodos convocados por el Santo Arzobispo de Lima, Toribio Alfonso de Mogrovejo. Ante Ella se cree, en medio de una gran fiesta, fue depositada la primera rosa florecida en la ciudad de Lima por el primer obispo de la diócesis, Fray Jerónimo de Loayza. Inicialmente estuvo ubicada en el retablo mayor de la Catedral y presidió los célebres Concilios Limenses, de modo particular el tercero, de tanta trascendencia para la vida cristiana de los pueblos de América Latina. Posteriormente a la declaración de Independencia por el General San Martín, el 28 de julio de 1821, el solemne Te Deum tuvo lugar igualmente ante esta imagen. LOS RECONOCIMIENTOS Considerando la profunda vinculación de la Virgen con la historia de nuestra ciudad y de nuestra patria, el Papa Juan Pablo II, en su primer viaje apostólico al Perú, la coronó solemnemente el 1º de Febrero del año 1985, en medio de gran alegría y fervor del pueblo. En su segundo viaje apostólico, el 14 de Mayo de 1988, el Santo Padre le consagró la nación y le ofreció la Rosa de Oro que hoy la Virgen sostiene en su mano. Este hecho viene de una tradición antigua en la que las rosas de oro eran distinciones que normalmente los Papas entregaban sobretodo a las reinas europeas. En una cena particular con Juan Pablo II, en los apartamentos pontificios, semana s previas a la visita del Santo Padre en mayo del 1988, algunos Obispos del Perú, le volvieron a formular el pedido y el Papa callando a sus colaboradores dijo: “Si hay una ciudad en el mundo en donde la Virgen merezca recibir una rosa, esa ciudad es Lima”, por Santa Rosa de Lima. En el año de 1992, se le otorgó el título de Nuestra Señora de la Evangelización. Posteriormente, el Santo Padre, Juan Pablo II, la proclamó PATRONA DE LIMA y su fiesta se celebra desde entonces como Solemnidad en nuestra Arquidiócesis todos los días 14 del mes de mayo. Iniciado el Tercer Milenio, la Iglesia de Lima la invoca como Madre del Señor Jesús y de la Iglesia, para que la conduzca, con su ejemplo e intercesión maternal, al anuncio gozoso del Evangelio de Jesucristo, para que con renovado ardor, métodos y expresiones, la Buena Nueva se encarne con mayor profundidad en la vida personal y social de nuestro pueblo. ACTO DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DE LA EVANGELIZACIÓN Juan Pablo en la Catedral de Lima, 14 de mayo de 1988 "¡Dios te salve, María, llena de gracia, Madre de Misericordia! Te damos gracias porque nos has dado el fruto bendito de tu vientre, Cristo Jesús, autor de nuestra salvación. Tú, Madre y protectora de este pueblo, nos has acompañado a través de la historia, siendo su Maestra en la fe, en la esperanza y en el amor: muéstranos ahora a Jesús, presentándonos el ejemplo de su vida e intercediendo por nosotros. En esta hora de gracia y bendición para el Perú, deseamos reafirmar nuestra fe en Cristo Eucaristía, Camino, Verdad y Vida, cuya palabra queremos acoger en nuestro corazón como Tú la acogiste, de modo que, renovados por la Eucaristía y la Palabra, podamos edificar todos unidos la ansiada Civilización del Amor. "¡Nuestra Señora de la Evangelización!". Madre de la Buena Nueva, sabemos que el camino es arduo; esta tierra gloriosa, cuna de santos, se ve ahora afligida por la violencia y la muerte, por la pobreza y la injusticia, por una honda crisis familiar fruto del olvido de la Ley del Señor, por ideologías que intentan vaciar de contenido su fe cristiana. Por eso queremos ofrendar a Ti todo el pueblo de Dios que peregrina en Perú y poner cerca de tu Corazón de Madre: A los Pastores de la Iglesia, para que sigan siendo valientes maestros de la Verdad, defensores de la dignidad de sus hermanos, constructores de la unidad. A los sacerdotes, para que cada vez más conscientes de su vinculación con el único mediador, Cristo Jesús, prolonguen su presencia en las comunidades, siendo fieles dispensadores de los misterios de Dios. A las personas consagradas, para que por el fiel seguimiento de los consejos evangélicos se dediquen intensamente a Dios como a su amor supremo, sean signo preclaro de la Iglesia, y presencia de tu Hijo en el mundo. A todos los laicos, para que fieles a su bautismo y guiados por el Espíritu Santo sean verdadero testimonio del Evangelio y lo anuncien con su vida. A los hogares cristianos, para que como verdaderas iglesias domésticas, sean auténticos santuarios donde se viva la fe, la esperanza y la caridad, donde florezca la fidelidad, la obediencia filial, el amor mutuo. A los jóvenes, para que tengan el valor de brindar todas sus energías en construir un nuevo Perú donde se viva sin temor el espíritu de las bienaventuranzas del Reino. A los pobres, ancianos, enfermos, a las víctimas de la injusticia y la violencia, a los que están llevando la cruz de la Pasión de tu Hijo, para que encuentren consuelo en su fe, fortaleza en su esperanza, ayuda solidaria y fraterna en todos sus hermanos. A los responsables del gobierno de la Nación y a los que rigen la sociedad, para que con rectitud y entrega generosa conduzcan el pueblo del Perú por caminos de justicia y libertad en convivencia pacífica. Madre y Señora nuestra, acoge con amor esta ofrenda de tus hijos y bendice esta amada tierra con los dones de la reconciliación y la paz. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!" IR ARRIBA

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