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DEDICACIÓN DE LA BASILICA DE SAN PEDRO, ITALIA ( 18 DE NOVIEMBRE)

La Basílica de San Pedro se encuentra en la orilla derecha del río Tíber. Es el más importante edificio religioso del catolicismo, tanto en términos de volumen como de renombre. Es la segunda mayor basílica del mundo. Es la iglesia del Papa, en la cual celebra las ceremonias litúrgicas más importantes. En su interior se halla el «Trono de San Pedro» y está efectivamente enterrado San Pedro, así como la mayoría de los Papas. En la nave central se reunió el concilio Vaticano II de 1962 a 1965… ...CONTIENE VIDEOS... ...VER VIDEOS... Durante la gran persecución del año 64 d.C. contra los cristianos emprendida por Nerón, en el escenario del circo de Calígula, San Pedro sufrió el martirio, fue crucificado y sepultado en la tierra. El nicho del siglo II, hallado durante las excavaciones en la necrópolis vaticana que protegía la sepultura de San Pedro, recibió el nombre de “Trofeo de Gaio”. Constantino, en el año 324, inició la construcción de la basílica que debía encerrar el “Trofeo di Gaio” y hacer de la tumba de Pedro el núcleo de la estructura. Consagrada en 329, la monumental basílica se presentaba como un edificio de planta longitudinal con cinco naves y crucero. En la parte externa, una escalinata llevaba al cuadripórtico delante de la basílica. En el siglo XV la basílica paleocristiana amenazaba con derrumbarse por lo que los Papas deciden demolerla. LA HISTORIA DE LA BASÍLICA La desaparición de la basílica constantiniana fue gradual. Desde la primera decisión de Nicolás V Parentucelli de ampliar y restaurar la antigua basílica en la segunda mitad del Quattrocento, encargando a Rossellino, hasta la conclusión del nuevo edificio con la inauguración de la fachada (1612), transcurrieron poco más de 150 años. A lo largo de los más de 150 años necesarios para las obras de la Basílica, los artistas más famosos de la época se alternaron en la dirección de la “Fábrica de San Pedro”: desde Rafael Sanzio, que hacia 1514 optó por transformar en una cruz latina la estructura de cruz griega del edificio proyectado por Bramante, hasta Antonio da Sangallo el Joven y a Miguel Ángel que, bajo el pontificado de Paulo III, decidió retomar el proyecto original de cruz griega, diseñó la cúpula y siguió los trabajos personalmente hasta su muerte, en 1564. En los treinta años sucesivos, primero fue nombrado el Vignola para dirigir la “Fábrica de San Pedro”, y luego los arquitectos Giacomo Della Porta y Domenico Fontana, a quien se debe el mérito de haber llevado a cabo, hacia 1588, el proyecto miguelangelesco de la cúpula. La Basílica de San Pedro alcanzó su aspecto actual gracias a la intervención de Carlo Maderno, que retomó la estructura basilical de cruz latina, y definió el aspecto escenográfico de la fachada. Los trabajos de la basílica terminaron en 1626 y consagrada solemnemente bajo el pontificado de Urbano VIII. Entre 1656 y 1667, por voluntad de Alejandro VII, Bernini proyectó y realizó el monumental pórtico de columnas de la Plaza de San Pedro, colocando en su centro el obelisco del siglo I a.C., situado originariamente, en el centro del circo de Calígula, lugar del martirio de san Pedro. En 1585, el obelisco fue trasladado por Domenico Fontana y colocado en el lugar actual, siguiendo órdenes del papa Sixto V. La Basílica de San Pedro posee una capacidad de 20.000 fieles. Mide unos 190 metros de largo, el ancho de las tres naves es de 58 metros, la nave central tiene 45,50 metros de altura, hasta la cima de la bóveda, la cúpula alcanza unos 136 metros de altura hasta la cruz; el interior, caracterizado por grandiosas decoraciones en mosaico, constituye el precioso joyero que custodia algunas de las más célebres obras de arte del mundo, como el Baldaquino de Bernini y la estatua de la Piedad de Miguel Ángel. EL INTERIOR El atrio (que corresponde al antiguo pórtico de las basílicas paleocristianas), realizado en los años 1608-1612, está considerado como una de las obras más valiosas de Carlo Maderno. El portal central, obra del escultor florentino Antonio Averulino llamado Filarete, tiene fecha 1455, y fue traído aquí de la antigua iglesia constantiniana: en él, entre otros, están representados San Pedro y San Pablo y, en la parte inferior, sus martirios. A la derecha, se encuentra la Puerta Santa, en bronce, obra del escultor Vico Consorti en 1950: cada Jubileo la puerta se abre ante la presencia del Papa. En el lateral izquierdo del vestíbulo se encuentra el monumento ecuestre que representa a Carlomagno, obra de Agostino Cornacchini (1725), y en el lateral derecho, la estatua del emperador Constantino a caballo, hecha por Bernini en 1670. La estructura del interior, con planta de cruz latina, se debe a la intervención de Maderno que, a partir de 1600, llevó a cabo la construcción de la basílica y realizó las tres alas de la nave central y las dos naves laterales, logrando crear un conjunto unitario con el núcleo miguelangelesco del octágono central. Es un espacio grandioso, inmenso, decorado con gran cantidad de estucos, mosaicos y estatuas de estilo netamente barroco, donde el visitante se siente casi turbado por las sensaciones: sería necesario detenerse un momento para acostumbrarse a estas enormes dimensiones, evaluables, por ejemplo, comparando la altura de una persona con la de las “pilas de agua bendita” y de los putti (angelotes) que las sostienen. La iglesia tiene 187 metros de largo; el ancho entre las naves laterales mide 58 metros y 140 en el crucero; la altura máxima de la bóveda en la nave central es de 46 metros (¡como un edificio de 15 plantas!). Para realizar una visita apropiada de la basílica se sugiere recorrer primero el espacio central hasta el punto donde el pavimento indica el largo de las iglesias más grandes del mundo, y desde allí pasar a la nave lateral más cercana a la puerta de entrada. Recorren la nave central grandes pilastras acanaladas y “rudentate” (o sea con la parte inferior de las estrías llena), entre las que se abren hornacinas con 39 figuras de santos fundadores de órdenes y congregaciones religiosas. El cielo (o techo) presenta estucos dorados realizados en 1780, bajo Pío VI. En la nave de la derecha, mirando hacia el altar, hay numerosas obras de gran valor religioso y artístico. En la primera capilla, protegida por un cristal espeso, es posible ver la Piedad, obra maestra de Miguel Ángel, realizada en 1499 cuando apenas contaba 24 años de edad. La Virgen, de rostro joven y dulcísimo, como resignada ante el destino, sostiene en su regazo el cuerpo muerto abandonado de Cristo. A pesar de ello, el articulado juego de los pliegues de las vestiduras y del velo de la Virgen revelan una fuerza extraordinaria, física y moral, en contraposición con los refinados rasgos del rostro, característicos del Quattrocento. Esta obra es la única que firmara Miguel Ángel: el nombre del artista se lee en la banda de la Virgen. La capilla siguiente es la del Santísimo Sacramento, con un ciborio sobre el altar inspirado en el templete de “San Pietro in Montorio” de Bramante, sobre la colina del Janículo. Esta escultura de bronce dorado, fue realizada por Bernini en 1674, y sucesivamente completada con la inclusión de dos ángeles arrodillados. Al final de la nave lateral derecha merece atención el monumento fúnebre a Gregorio XIII (1572-1585), obra que el escultor Camillo Rusconi terminó en 1723, con las figuras alegóricas de la Religión y de la Fortaleza, y un dragón, visible debajo del sarcófago, símbolo heráldico de la familia. Volviendo a la nave central, se encuentra la famosa estatua de San Pedro bendiciendo, obra en bronce que la mayor parte de los críticos atribuye al escultor Arnolfo di Cambio (1245-1302). Algunos estudiosos, sin embargo, sostienen que se remonta al siglo V. En la figura, nótese el pie, desgastado por los fieles, que lo besan queriendo demostrar con este gesto su devoción al Santo. Los ángulos de la nave longitudinal con el crucero, están cubiertos por cuatro imponentes pilastras de planta cuadrada. En sus caras internas, unas hornacinas alojan cuatro estatuas de dimensiones colosales, personificaciones de otros tantos momentos cruciales de la Pasión de Cristo: San Longino, el soldado que traspasó con la lanza el costado de Cristo y que luego se convirtió al Cristianismo, obra de Bernini en 1638; Santa Elena, madre del emperador Constantino, que llevó a Roma la cruz y los clavos de la Pasión; Santa Verónica, que con un lienzo habría enjugado el rostro de Cristo en la vía Dolorosa y, finalmente, San Andrés, hermano de Pedro, crucificado en Grecia. Estas tres últimas estatuas pertenecen a la escuela de Bernini. En el centro de la iglesia se encuentra el altar papal, coronado por el famoso baldaquino en bronce, de Bernini, realizada entre los años 1624 y 1632. Con sus 29 metros de altura, fue encargado por el papa Urbano VIII Barberini (1623-1644) para que llenara el “vacío” debajo de la cúpula y creara un movimiento ascendente. Para fundirlo se utilizaron los cuarterones de bronce que adornaban el cielo de la pronaos del Panteón, dando origen al famoso dicho “quod non fecerunt barbari fecerunt Barberini” (“lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini”). El baldaquino está formado por cuatro colosales columnas salomónicas en espiral con estrías, ramas de olivo y laurel, rematadas por capiteles corintios; la cubierta, con volutas y estatuas angulares de extraordinaria elegancia, culmina en una esfera de bronce dorado. Las borlas con abejas (escudo heráldico de los Barberini para señalar su intensa actividad), simularían el efecto del viento sobre el Baldaquino, provocado por el movimiento veloz de su transporte. En su interior hay una paloma dorada, símbolo del Espíritu Santo. Debajo del baldaquino, en el nivel inferior, se encuentra la “tumba de San Pedro”, donde, según la tradición (las últimas investigaciones arqueológicas han confirmado su veracidad), reposan los restos del Apóstol, lo cual ha hecho que este lugar sea uno de los lugares más venerados por los cristianos y punto elegido para edificar el mayor templo de la Cristiandad. Por encima del Baldaquino se yergue majestuosa la cúpula, decorada en su interior en los años 1603-1613, según los cartones de Giuseppe Cesari, llamado Cavalier d’Arpino. La inscripción en latín -en la base de la cúpula- dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y a ti te daré las llaves del Reino de los cielos”. En el crucero de la derecha destaca el monumento a Clemente XIII (1758-1769), obra del más célebre escultor neoclásico italiano, Antonio Canova. Comisionado en 1784, fue realizado según el modelo de los sepulcros de Bernini, con el retrato del papa en la parte superior, y el sarcófago flanqueado por figuras alegóricas: la Religión con la cruz en la mano, y el Genio funerario que apaga la antorcha de la vida. Dos leones vigilan el sepulcro. El Altar de la Cátedra es una de las obras maestras escultóricas de Bernini. En la parte interna de la ventana ovalada, cerrada por una lámina de alabastro con rayos que dividen la superficie en doce sectores como los doce Apóstoles, se encuentra la paloma del Espíritu Santo. A su alrededor se extiende una extraordinaria nube de ángeles y “putti” que coronan la Cátedra en bronce de san Pedro. En ella se conserva un trono de madera que, según la tradición, habría sido utilizada por el primer apóstol. En realidad, se trata de un regalo que el rey francés Carlos el Calvo hizo al Papa en el 875. A ambos lados del trono, se representan las figuras de los dos padres de la iglesia latina, San Ambrosio y San Agustín, y los dos de la iglesia griega, San Atanasio y San Juan Crisóstomo. La obra fue terminada en 1666, bajo el papa Alejandro VII. En los laterales, se encuentran los monumentos fúnebres de Paulo III, obra de Guglielmo della Porta (a la izquierda), y el de Urbano VIII de Bernini (a la derecha). Otra escultura de gran importancia artística es la del crucero de la izquierda, dedicada a Alejandro VII, último trabajo de Bernini, cuando el artista tenía ochenta años, a petición del mismo pontífice. El esqueleto que se entrevé por debajo de los pliegues rojos, y el reloj de arena simbolizan el paso del tiempo y la ineluctabilidad de la muerte. En la nave izquierda de la basílica, se halla el monumento de Antonio Canova a la familia Estuardo o Stuart (1819), dedicado a los últimos descendientes de la valiente familia inglesa: retratos de perfil por debajo de la ménsula. El monumento al papa Juan XXIII (1958-63), por último, es del escultor Emilio Greco (1964-1967). LA CUPULA Su proyecto se debe a Miguel Ángel, quien desde 1547 se ocupó sin interrupción de la Basílica. Al final de su larga vida (falleció en 1564, a la edad de 89 años) la construcción había alcanzado el tambor, caracterizado por columnas pareadas, muy sobresalientes, alternándose con ventanas y tímpanos. La dirección de la obra pasó entonces a Giacomo Della Porta, discípulo de Miguel Ángel, quien elevó unos 7 metros la bóveda de la cúpula y terminó la obra en 1590, en sólo 22 meses, durante el pontificado del papa Sixto V. Con doble casquete, la cúpula presenta un diámetro interno de 42,56 metros y una altura hasta la extremidad superior de la cruz, de 136,57 metros; la claraboya (cupulino) mide 17 metros de altura. En el mundo occidental, esta cúpula sirvió de modelo a otras obras construidas con técnicas diferentes, entre las cuales están: la cúpula de Saint Paul en Londres (1675), la de Les Invalides en París (1680-1691) y la neoclásica copertura del Capitolio de Washington (1794-1817). El arquitecto Carlo Maderno la concluyó en 1614. GRUTAS VATICANAS Las grutas, situadas en el sótano de la basílica, si bien en un nivel superior con respecto a la basílica constantiniana del siglo IV, además de las capillas dedicadas a varios santos, contienen tumbas de reyes, reinas y papas a partir del siglo X. El lugar sagrado por excelencia es el sepulcro de san Pedro, donde se encuentra el tabernáculo, del siglo IV, mandado construir por el emperador Constantino, sobre la venerada sepultura del Apóstol. En una de las capillas alrededor del ábside se puede ver el fresco del pintor romano del Trecento, Pietro Cavallini. Es la “Madonna del pelotazo”, así llamada por la tumefacción que se ve en su cara. Cuenta una leyenda que un soldado borracho, despechado por haber perdido a las bolas, lanzó una pelota contra la imagen que, ante el impacto, sangró. En este lugar se encuentran las tumbas de Paulo VI (1978) y del papa Juan Pablo II (2005). LA FACHADA Obra del arquitecto Carlo Maderno que la terminó en 1614. Con 114,69 metros de anchura y 48 de altura, presenta un orden de columnas y pilastras salientes corintias sobre las que se apoya un imponente frontón con tímpano central, coronado por una balaustrada con trece estatuas (de unos 6 metros de altura): la central, representa al Redentor bendiciendo. Sobre el arquitrabe, una inscripción recuerda que la obra se realizó bajo el papa Paulo V (1605-1621) Borghese. En el orden inferior se abren cinco entradas al atrio, sobre las cuales hay nueve ventanas, tres de ellas con balcón. La ventana central recibe el nombre de “loggia de las bendiciones”, porque desde ella se asoma el Papa para dar su mensaje augural con la bendición apostólica “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo) inmediatamente después de su elección, en Navidad y Pascua. LA PLAZA DE SAN PEDRO Realizada por Bernini en los años 1656-1667, durante el reinado del papa Alejandro VII (1655-1667), está compuesta por dos partes: un primer espacio trapezoidal, delimitado por los dos brazos rectilíneos cerrados y convergentes que flanquean el sagrato, y un segundo espacio de forma elíptica, limitado por dos hemiciclos de la cuádruple columnata. Las medidas de la plaza son extraordinarias: tiene 320 metros de profundidad y un diámetro central de 240 metros, rodeada por 4 hileras formadas por 284 columnas y 88 pilastres. La balaustrada sobre las columnas está coronada por 140 estatuas de santos, de 3,20 metros de altura cada una, realizada hacia 1670 por discípulos de Bernini. A los lados del obelisco, trasladado al centro de la plaza por Domenico Fontana, en 1585, se pueden ver dos grandes fuentes de Bernini (1675) y de Maderno (1614). En la parte baja, a los pies de la escalinata, las estatuas de San Pedro y San Pablo dan la bienvenida a los fieles. De gran interés es la Escalera Regia que comunica la plaza con los Palacios Vaticanos, y que el mismo Bernini considerara “… la cosa menos fea que he hecho”. Realizada entre los años 1662 y 1666, parece mucho más larga de sus 60 metros reales, gracias a la aplicación de algunos recursos de perspectiva, como por ejemplo, la disminución de la distancia entre las columnas del fondo. VIDEO Basilica de San Pedro en Roma Interior de la Basílica de San Pedro del Vaticano La basílica de San Pedro en Roma cribes el resto del post. IR AL INICIO

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